Historia de la animación mexicana

Desde hace poco más de cien años, la aparición del cine cambió la perspectiva del mundo. Las personas, lugares y objetos podían desdoblarse de sí mismos y convivir conjuntamente en dos planos de realidad: las cosas dejaron de pasar una sola vez para comenzar a reproducirse. El engaño del ojo sugirió el movimiento de objetos sin vida, de cosas imposibles y divertidas que ni siquiera podían suceder una vez en nuestra realidad. El nacimiento de la animación no sólo fue producto del avance tecnológico, sino de una necesidad expresiva mucho más amplia y sin límites. He aquí una prueba de ello.

Don Catarino y su apreciable familia Antecedentes

Podríamos llamar el primer antecedente de la animación en México a la linterna mágica inventada por Kircher  a mediados del siglo XVII. Sor Juana Inés de la Cruz es la primera en hablar de los sueños producidos por las imágenes proyectadas (a diferencia de otras interpretaciones a Primero sueño); prueba de esto es que en uno de los cuadros más famosos donde aparece Sor Juana, pintado por Manuel Cabrera, aparece en su biblioteca un libro de Kircher: Ars magna luci et umbrae. Sin embargo, es hasta la primera mitad del siglo XVIII, cuando las proyecciones de este tipo aparecen varias veces mencionadas en archivos de la época.

   Los padres de la animación indudablemente son la caricatura y la historieta. La tira cómica llegó a México en los años veintes; originalmente eran traducciones de obras provenientes de Estados Unidos pero muchas veces el material no llegaba a tiempo, lo que propició la aparición de caricaturistas mexicanos. Entre estos nuevos artistas se encontraban Hugo Tilghman (Mamerto y sus conciencias), Andrés Audiffred (El señor pestaña), Carlos Neves (Rocambole y Segundo I, rey de Moscavia), Salvador Pruneda (Don Catarino) y Juan Arthenack (Adelaido el conquistador y Don Prudencio), de los cuales, éstos dos últimos incursionaron posteriormente en la animación

   El 6 de agosto de 1896, el presidente Porfirio Díaz y su familia contemplaron, en el castillo de Chapultepec,  la primera función de cine en México. Más de una década pasó para que el trabajo de pioneros de la animación como James Stuart Blackton, Èmile Cohl, Georges Méliès y Winsor McCay expandiera su espectro hacia México.

Pioneros en México

La primera noticia que se tiene de una proyección animada cuenta que el 14 de agosto de 1907 en El Entreacto de la Ciudad de México, se presentó la obra Retrato animado por el cinematógrafo. A partir de entonces, el público fue capturado por estos dibujos e historias que venían del extranjero, como Mickey Mouse (el ratón Miguelito) o Félix el gato y se proyectaron en distintos foros, como en el Teatro Riva Palacio. A mediados de los treinta, los estudios Disney habían fascinado a un gran número de personas que quedaron incentivadas a probar suerte en la animación.

   A pesar de que no se tiene documentación sobre el verdadero pionero de la animación en México, se tienen algunas hipótesis:

   Se dice que Juan Athernack, que colaboraba haciendo historietas para El Universal, El Imparcial y El Excelsior, realizó una secuencia animada en la que un personaje desplazaba unas letras hasta formar la palabra “Excelsior” como parte de su cinta El rompecabezas de Juanillo en 1919.

   -Otros creen que fue el cinefotógrafo Miguel Acosta en 1927 quien empezó a hacer los primeros cortometrajes animados de una duración de treinta segundos.

   – Otros piensan que fue un tal Alcorta quien, se cuenta, proyectaba a mitad de las exhibiciones de cine anuncios comerciales animados de unos tres o cuatro segundos.

  – Salvador Pruneda, comenzó como caricaturista y periodista de El Nacional, viajó un par de veces a Hollywood y posteriormente trabajó en los estudios Disney para instruirse como animador. A su regreso empezó un proyecto de animación basado en su tira cómica Don Catarino  y su apreciable familia; aunque algunas fuentes aseguran que la obra quedó inconclusa.

    En 1936, el médico otorrinolaringólogo, Alfonso Vergara Andrade, se asoció con Antonio Chavira y Francisco Gómez y comenzaron el revelado fotográfico en México. Vergara se cultivó en ellos cinco cabritos dibujo y la fotografía, reunió a los dibujantes Jorge Aguilar, Roberto Marín y Leopoldo Zea Salas y fundó Producciones AVA. En 1935, y después de estudiar cada publicación sobre animación que llegaba a sus manos, estrenaron Paco Perico en première. Posteriormente el estudio cerró por falta de presupuesto, pero reabrió después de un tiempo con el nombre de AVA-Color. Este segundo estudio produjo las cintas Los cinco cabritos, La vida de las abejas,, El jarabe tapatío, El tesoro de Moctezuma y Una noche de posada, en la que reaparece el personaje Paco Perico.

   En los años cuarentas, surgió la compañía Don Quijote, en la que trabajaron Carlos Sandoval y Bismark Mier; tuvieron dos proyectos Una corrida de toros en Sevilla y El charro García, los cuales nunca se terminaron. Con talento importado de los Estados Unidos, Santiago Richi fundó Caricolor, empresa cuya dirección de animación y fotografía tomó Manuel Mario Moreno. Su primera cinta fue Me voy de cacería, estrenada en 1943. Esta época fue muy importante para la animación mexicana: por fin se hacían cosas interesantes, pensadas en la industria del cine y con este último corto se tomó mucho más en serio su producción. Lamentablemente, sus colaboradores extranjeros fueron llamados a las filas de su país para combatir en la Segunda Guerra mundial y el estudio tuvo que cerrar.

La animación de medio siglo

Ya con la experiencia de algunos animadores de Caricolor, Claudio Baña, Leobardo García y Jesús Sáenz Rolón, fundaron Caricaturas Animadas de México. Su primera producción fue el Noticiero cómico que trataba de una parodia de los noticieros, sin embargo, debido a que la animación de los eventos tardaba un par de meses, la parodia de la noticia perdía eficacia. Posteriormente, fue este estudio el que fusionó por primera vez en México la animación con la acción en el filme El diablo no es tan diablo de 1949. A punto de terminarse el trabajo de animación, el estudio se incendió debido a una colilla de cigarro: el productor ordenó que se repitiera todo el trabajo. La compañía no pudo solventar los gastos y tuvo que claudicar.

 En 1952 Richard K. Tompkins, director de Estudios Churubusco, emprendió sus primeras obras al frente de Dibujos Animados de México; con la colaboración de Ernie Terrazas y Edmundo Santos, consiguió un contrato para producir doce cortos animados para una compañía estadounidense. Se reclutó personal extranjero muy capacitado para impulsar este proyecto, entre los cuales estaban: Roger Daly, Dick Jones, Bod Partch, Tom McDonald y Lerry Ray. Algunos mexicanos involucrados fueron Carlos Sandoval, Claudio Baña, Miguel García, Fernando Tejeda, Arnulfo Rivera, Ignacio Rentería,  y Ernesto López.

 Aunque sus obras sólo se distribuían en Estados Unidos, fueron una fuente real de trabajo para un gran número de mexicanos dedicados a la animación., hasta que Tompkins decidió dedicarse a otro tipo de actividades en el cine. En el año de 1956 se crea la Rama de Animadores del Sindicato de Trabajadores de la Industria Cinematográfica, cuyo secretario fue Ramón Villareal.

 Katy, la orugaUn año más tarde, Jesús Martínez y Gustavo Valdés consiguen un acuerdo con Producers Associates of TV para producir algunas series de televisión infantiles; para esto crearon Gamma Productions, estudio integrado en gran número por animadores mexicanos. Algunas de sus obras fueron: Rocky y sus amigos, Waldo y el Oso Filmore, Hopity-Hop y Las fábulas de Esopo. Después de más de diez años de trabajo, el contrato terminó y la compañía tuvo que cerrar.

 Fernando Ruiz, graduado de la Universidad Iberoamericana y posteriormente de la Universidad de California, creó la compañía Producciones Omega en 1961, en la que realizó El duende y yo de Tin tan, donde se mezclaba la animación y la acción real. Ruiz también tuvo la oportunidad de trabajar en el filme La espada en la piedra de Disney.

 Poco a poco la animación comenzó a centrarse en el mercado publicitario y se crearon proyectos como Caleidoscopio de Jesús Martínez y Harvey Siegel. Por aquella época Adolfo Garnica ganó el Primer Festival Internacional de Guadalajara de Cine de Cortometraje con su filme ¡Viva la muerte! en 1965.

 Después de un largo conflicto laboral en el cierre de Gamma Productions, los ex-trabajadores se quedaron con parte del equipo de la compañía y fundaron la Cooperativa Producciones Animadas. En 1972 realizaron un corto basada en la historieta Los supermachos de Rius (Eduardo del Río). La adaptación de personajes de historieta popular siguió su intento con un corto sobre Memín Pinguín de Yolanda Vargas Dulché; éste fue realizado por Carlos Sandoval y Alfredo Gutierrez.

 La familia Telemiau, la primera serie animada de México, salió en la pantalla en 1972, pero no pudo competir con las grandes series provenientes de Estados Unidos. César y Ángel Cantón, en lugar de apostar a la competencia, firmaron un contrato con Hanna-Barbera, la compañía más importante en producción de series animadas para la televisión. El pacto consistía en desarrollar los proyectos de la empresa estadounidense. Se produjeron Los Picapiedra, Los Superamigos, Jossy y las melódicas, Scooby-Doo y se retocaron muchas otras series durante toda una década.

Del empirismo a la escuela

Los tres Reyes Magos fue el primer largometraje de animación mexicana; fue dirigido por Fernando Ruiz y Adolfo Torres Portillo en base a una idea de Rosario Castellanos. Se estrenó en 1976 Sin sostén de René Castillodespués de dos años de trabajo. Tres años más tarde, la UNICEF convocó a Ruiz a crear una de las diez partes de la serie Los diez derechos del niño. No contento con ello, el animador mexicano desarrolló el proyecto de una serie animada: La oruga Pepina. Lamentablemente tuvo problemas con la guionista y la obra se acabó en España por los animadores Santiago y José Luis Moro bajo el nombre de Katy, la oruga en 1981.

 El productor Anuar Badín propuso a los estudios Kinema la realización de un largometraje animado. La idea consistía en adaptar la historieta mexicana Los Supersabios de Germán Butze. La película se estrenó en 1979 y fue muy bien aceptada por el público.

 Los animadores en México no podían (ni pueden) tener las herramientas para desarrollarse debido a que en este país no existía ninguna escuela de animación. Los estudiantes interesados debían viajar al extranjero para tener una mejor formación y experiencia, tal es el caso de Juan Fenton, que estudió animación cinematográfica en la universidad de California. Fenton, aliado a Marco Antonio Ornelas, logró firmar un contrato con Hanna-Barbera para trabajar las series Astro y los perros espaciales, Los jóvenes Picapiedra y The Gary Coleman Show.

 En 1978 nació el Taller de Animación de Coyoacán por iniciativa del puertorriqueño Francisco López. Junto con Ricardo Sandi y Sarad, Luis Moret, PAblo Pérez, Roberto Sosa y Emilio Watanabe, crearon el mediometraje Crónicas del Caribe que se estrenó dos años después de la fundación de su estudio. La idea era crear un documental histórico animado sobre el descubrimiento y la conquista de América. La obra ganó el Gran Coral de Animación del Festival Internacional de Nuevo cine Latinoamericano. A pesar de ello, no tuvo difusión y nunca se estrenó de manera comercial. El Taller de Animación de Coyoacán tuvo que cerrar en pocos años.

 En los próximos años se produjeron varios cortometrajes: Vámonos Recio (1983) de Jaime Cruz y Luis Fuentes; Ligia Elena (1983) por Francisco López y Abdías Manuel; Hijo pródigo (1984) de Carlos Carrera; A toda Costa (1984) de Jaime Cruz y Tlacuilo, el que escribe pintando (1987) de Enrique Escalona. Ésta última, junto con Ulama (1986), Retorno a Aztlán (1990) de Juan Mora y Cabeza de vaca (1990) de Nicolás Echeverría,  retomaba una visión diferente sobre el pasado histórico.

Hasta los huesos2 En los 80s, los alumnos y ex-alumnos del Centro Universitario de Capacitación Cinematográficas (CCC) y el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (CUEC) comenzaban a hacer cosas interesantes a pesar de que en su formación no tomaban materias relacionadas con la animación. Uno de estos casos es el de Carlos Mendoza y su trilogía Chapopote, Chahuistle y Charrotitlán desarrolladas de 1980 a 1982. Posteriormente, Mendoza realizó el documental Jijos de la crisis, estrenado en 1985. Otra alumna ex-alumna del CUEC, Laura Íñigo, realizó los cortos Jorobita, Un cuento de ciudad y Animación II, producidos entre 1986 y 1987; posteriormente ayudó a Mendoza en sus últimas obras.

 El CCC, por su parte, tiene a uno de los más grandes animadores que han existido en México: Carlos Carrera. En 1988 produjo tres animaciones: Un muy cortometraje, Malayerba nunca muerde y Amada. Carrera es otro ex-alumno de la Universidad Iberoamericana además de sus estudios de cine. En 1989, junto con Kinam, produjo La paloma azul; al año siguiente hizo Música para dos con la productora de películas educativas Mexfam y un año después (1991), Sakura Motion Company lo ayudó a crear Los mejores deseos.

 Otros alumnos del CUEC también crearon cortometrajes, como Artemisa Bahena que trabajó de animadora con el director Jaime Martínez en Los castigos del amor en 1995 y Ulises Guzmán con su proyecto Malapata iniciado el mismo año y concluido hasta el 2001.

 A falta de una formación de educación superior en México, los alumnos viajaron al extranjero para prepararse. Tal es el caso de José Ángel García Moreno, que estudió en Checoslovaquia y posteriormente en la Universidad de California. Lourdes Villagómez estudió en Carl Arts en California y Enrique Navarrete en el Sheridian College en Canadá. La institución educativa ya existía pero debía buscarse y la animación era cada vez menos costosa y difícil 

La UIA y la experiencia en extranjero

En 1994 se estrenó El héroe de Carlos Carrera. Después de dos años de trabajo, el apoyo del Instituto Nacional de Cinematografía  y la participación de un gran número de animadores Autólisis - Viumastersmexicanos, el filme ganó la Palma de Oro en el Festival de Cannes. A partir de entonces, la animación en México ganó interés y aprecio y el panorama para esta industria cambió. La Universidad Iberoamericana (UIA) dio un gran y constante apoyo a la animación y prueba de ello es que muchos de sus exalumnos, como Carrera, lograron grandes avances en este rubro.

 José Luis Rueda junto con otros egresados de la UIA, formó la compañía María Negra Productions, que produjo cortos como Los changuitos (1995). Rueda también codirigió con Jorge Villalobos y Guillermo Rendón, otros exalumnos, el corto 4 maneras de tapar un hoyo en ese mismo año.

 Otro estudiante de la Ibero, José Ángel García Moreno, realizó Abrimos los domingos en 1989 en los Estudios Varango. En un festival de escuelas de cine, su corto fue visto por algunas personas de la Universidad de California que le ofrecieron una beca para estudiar en el extranjero. Años más tarde produjo Cocktail Molotov y Catrina Posada que ganó el Apoyo a la Producción de Televisión Cultural organizado por el FONCA, el canal 22, la Fundación MacArthur y el ILCE.

 Enrique Navarrete entró en el Sheridiam College, en Canadá, después de salir de la UIA. Gracias a su proyecto de tesis, tuvo oportunidad de trabajar en diferentes estudios, entre ellos, Dreamworks. Para ese entonces, comenzó con la película Shrek, pero los productores decidieron posponer su realización por no contar con los recursos necesarios; Navarrete pasó a formar parte del equipo de El príncipe de Egipto (1998). Posteriormente, le ofrecieron integrarse al proyecto Antz  ese mismo año. De regreso a México, fundó la compañía de animación La Mamá de Tarzán, pero debido a la situación económica del país, se disolvió al poco tiempo.

 Otro ejemplo de egresado es Jaime Cruz, quien convenció a las autoridades de la UAM Xochimilco a implementar un estudio de animación. Después de conseguir equipo de segunda mano en Los Ángeles y de instalarlo en la UAM, terminó el corto Vámonos recio en 1983. Posteriormente creó la empresa Tarumba que daba servicios de animación en publicidad: “nos dimos cuenta que entrar al mercado de publicidad conllevaba muchas exigencias”. Tuvieron que hacer muchos cambios y luego de unos años, en 1993, produjeron algunas animaciones para televisión como El tlacuache, Moaré y La flauta de Bartolo en la que trabajaron con Paul Leduc, el gran director de cine mexicano. En esa época, su estudio realizó La sirena Aalamastin que ganó el Apoyo a la Producción de Televisión Cultural junto con el filme de García Moreno.

Otros animadores de fin de milenio

El animador más prolífico en México hasta los años 90s, probablemente era Dominique Jonard, un estudiante francés de biología que pronto se convirtió en pintor y posteriormente en animador después de unos años de residencia en nuestro país. Gracias al apoyo del Instituto Nacional Indigenista, creó el proyecto Animación de tres cuentos purépechas en 1990. En Maruata,La leyenda de la nahuala Michoacán, filmó ¡Aguas con el Botas! en 1994 en favor del medio ambiente; también filmó Rarámuri, basado en cuentos de niños indígenas, ese mismo año: ganó el Ariel a la mejor animación con él. Produjo Desde adentro en el 96, Santo golpe el siguiente año y La Degénesis en 1998.

 Guillermo Comín era el director de animación de la compañía Filmographics. En sus inicios trabajó con el grupo que hacía La familia Telerín, pero desde que la compañía se fusionó con el grupo de Juan Fenton, comenzó a hacer cosas más interesantes. Desarrolló animaciones para la casa Warner y posteriormente se dedicó al mercado publicitario. Creó al conejito Quik, a los pingüinos Marinela y participó en comerciales para Coca-Cola y animando a Chester Cheetos.

 Rigoberto Mora conoció en su juventud a Guillermo Del Toro en Guadalajara y descubrieron que ambos eran apasionados del cine y los efectos especiales. Con una cámara super 8 filmaron varios cortometrajes como La criatura y la planta y Cuaco vivo y al poco tiempo fundaron la compañía Necropia. Hicieron algunas animaciones para la Feria del libro de Guadalajara y efectos especiales para la película Cronos en 1991, en  la que se encargaron junto con otros mexicanos como Jorge Siller (ver revista Migala número 3 en el reportaje de Efectos especiales) de fabricar los extraños bichos. Poco después Del Toro se fue a Estados Unidos a desarrollar su carrera como director y Rigo se quedó en México a componer efectos especiales y maquillaje (también en Migala 3 entrevistamos a algunos de sus parientes que también se dedican a esto).     En 1994 y 1995 Mora acudió a un curso extraordinario impartido por Skip Battaglia, un excelente animador y creador de efectos especiales de fama internacional. Entre sus compañeros estaban José Ignacio Solórzano (Jis), Claudia Lozano Alverú y Trinidad Camacho (Trino). Un año después, Mora produjo Cómo preparar un sándwich y en el 2000 Polifemo, basado en un fragmento de Altazor de Vicente Huidobro. En el 2004 filmó su corto Sombras basado en El cuervo de Edgar Allan Poe.

 Después de tomar un diplomado con Daniel Varela Acosta, Cecilia Navarro, una de las pocas animadoras mexicana, visitó a Carlos Carrera quien le ayudó dándole consejos de su formación autodidacta. En 1990 estrenó Cerraduras y, un año más tarde consiguió una beca para un curso impartido por Walter Tournier. En 1995 adaptó un cuento de Augusto Monterroso en una animación que llamó Las buenas conciencias y dos años después realizó Filofobia.

 René Castillo produjo su primer corto en formato VHS, al que tituló Gitamorfosis que fue financiado por la Universidad de Guadalajara. Posteriormente, en los estudios ITESO realizó Ojo por ojo, animación que fue vista por Antonio Urrutia quien le ofreció trabajar en un proyecto cuyo título final sería Sin sostén; se estrenaría en 1998, dos años después de que empezaran a trabajar. Posteriormente conocería a Luis Téllez con el que desarrollaría un ambicioso proyecto: Hasta los huesos.

 Téllez tomó un curso de animación impartido por Dominique Jonard, en el que presentó su trabajo Zeus. El corto le gustó tanto a Jonard que lo invitó a participar en su proyecto La Degénesis en 1996. Un tiempo después colaboró con Axel Herreman en Antes de comer y con Lourdes Villagómez en Síndrome de la línea blanca. Téllez también trabajó en Malapata de Ulises Guzmán. Cuando empezó a trabajar con René Castillo, el proyecto que prometían parecía demasiado ambicioso. Después de dos años de trabajo, Hasta los huesos se estrenó con música de Café Tacuba y la voz de Eugenia León como la Calaca Catrina. Fue una de las animaciones mexicanas más exitosas de todos los tiempos.

La nostalgia del señor alambreEl pequeño boom en la animación mexicana

Una vez más el panorama cambió para la animación en México. Los avances tecnológicos permitieron que los costos y la posibilidad de crear largometrajes animados se redujera, cada vez había más personas interesadas en este tipo de cine y la industria fílmica nacional comenzaba a recuperarse.

 En el 2002 los empresarios Fernando Fuentes y Fernando Pérez Gavilán, crearon Ánima Estudios. Su primera cinta a manos de Andrés Courtier y Eduardo Sprowls se llamó Magos y gigantes y se estrenó en el 2003. Aunque tuvo muy buena respuesta con el público infantil, a la mayoría de las personas les pareció aburrida. El estudio no se desanimó y en el 2004 estrenó Imaginum realizada por Alberto Mar e Issac Sandoval Capuchino. La crítica fue muy dura con la película; se decía que intentaba copiar modelos extranjeros y utilizaba música en inglés y jamás se preocupaba por desarrollar un propio concepto de animación mexicana. Además, la distribuidora Videocine, la estrenó en la peor época para el público infantil: el regreso a clases. No contentos con ello, Ánima Estudio comenzó a desarrollar su nueva cinta Guacamayo: intriga polar a manos de Courtier, que se estrenó en el 2009 con el nombre de Agente 00-P2 sin una respuesta positiva del público. Actualmente Ánima Estudio elabora la serie animada El Chavo del Ocho y algunas miniseries para Televisa. Su última película fue AAA sin límite en el tiempo, estrenada en el 2010, que, según María Celeste Vargas Martínez y Daniel Lara Sánchez, experto en animación mexicana, tenía inconsistencias en  la trama, sus personajes estaban mal construidos y la animación muy acartonada. La próxima cinta en la que el estudio trabaja es Kung Fu Magoo que retoma al célebre personaje Mr. Magoo.

 En el 2003 los hermanos Riva Palacio metieron a Fidecine su proyecto Una película de huevos: en busca de mamá gallina. El comité técnico lo rechazó por tener un guión mal trabajado. Unos años más tarde, ya con el éxito de sus animaciones vía internet de huevocartoon.com, volvieron a presentar el proyecto. Lo rechazaron por segunda vez con el pretexto de que por ser muy grosero perdería público infantil. Los hermanos metieron una queja y el proyecto se aceptó en el 2004. Dos años después Una película de huevos se estrenó y obtuvo cuatro millones de espectadores e ingresos de 142 millones de pesos: el largometraje mexicano animado más exitoso de todos los tiempos. A pesar de que la dirección de cinematografía quería darle clasificación B a su película, Javier Cortés sometió la cinta a grupos de niños menores de ocho años; gracias a que la lectura de los mocosos era blanca (es decir, no entendían a los albures) se dictaminó como clasificación A, hecho que ayudó enormemente al éxito de la cinta. En el 2009 produjeron la secuela: Otra película de huevos y un pollo que, a pesar de que no se posicionó como una de las mejores cintas mexicanas, logró que más de tres millones de personas la vieran.

 A través de la empresa Animex, Ricardo Arnáiz intentó desarrollar un proyecto llamado Maya: la primera gran historia, en asociación con Bruno bichir y el cantante Emmanuel, pero por problemas entre ellos, tuvo que ser cancelada. Con un apoyo de Fidecine pudo dar vida a La leyenda de la nahuala en  el 2007, con pésimas opiniones de la crítica, sin embargo, ganó un Ariel ese año. Dos años más tarde, Animex lanzó Nikté, con peores resultados: sólo 320 mil personas la vieron. Ésta última cinta, Otra película de huevos y un pollo y Agente 00-P2 compitieron en el 2009 por el Ariel a mejor animación: el premio fue declarado desierto.

Demasiado mexicano

El tan mentado bicentenario no sólo provocó el descontento de algunas personas ante el despilfarre de festejos innecesarios, sino que fue fecha ideal para el lanzamiento de proyectos sobre la independencia y la revolución. En el 2009 se estrenó la cinta Suertes, humores y pequeñas historias de la Independencia y la Revolución, que recopilaba una serie de cortometrajes dirigidos por los grandes de la animación mexicana como René Castillo, Luis Téllez y Rigo Mora. Bajo la dirección de Antonio Romero, a principios de este año se estrenó la película proveniente de ChihuahuaANA- Carrera Tierra de Revolucionarios aunque sólo se exhibió localmente. Mónica Acosta estrenó también La revolución en corto, que incluye varias pequeñas animaciones relacionadas con el muralimso mexicano.  White Knight Creative Productions de Carlos Kuri, estrenó el pasado septiembre Héroes verdaderos, cinta que reunió muy pocos espectadores. Pos su parte, Animex Estudios planea lanzar La Revolución de Juan Escopeta muy posiblemente este año. Aunque no tiene nada que ver con el bicentenario, este año se estrenó Brijes 3D,  de Santo Domingo Animation a cargo de Benito Fernández, que fue criticada porque los personajes parecían Pokemons (lamentablemente, los símiles a este juego de Nintendo pasaron de moda hace un par de años). Buenos trabajos y unos no tanto, la animación mexicana no tiene muchos seguidores en nuestros días, sin embargo, el futuro de este género cinematográfico se ve bastante bien.

Lo que viene…

Alux Films planea estrenar Hijos del diablo a manos de Héctor Bustamante y Mario Alberto Ochoa. Este filme se desarrollará en 1913, un grupo de mercenarios llamados los Hijos del diablo, liberan presos de las cárceles mexicanas para planear un golpe de estado. La técnica de animación se ve muy prometedora, los dibujos son muy estilizados e inevitablemente recuerdan el ánime japonés. Hace un año se anunció la sesión de derechos de la historieta mexicana Operación Bolívar a Konochi Entertainment de Franciso Hirata y Rolando Chávez para hacer una película. Para los que no estén familiarizados con el comic, la historia sucede en Angelópolis, en una época en donde cazar ángeles se ha vuelto el trabajo de moda para vender sus órganos para investigaciones o como atracción en espectáculos. Como nos cuenta Carmen Vidaurre Arenas: “estos ángeles no se matan entre sí, un ángel no siente dolor, hasta que un cazador lo toca, los gemidos de los ángeles no se oyen pero enloquecen a los niños y a las mujeres embarazadas, los ángeles pueden corromperse y aliarse con asesinos de ángeles, para diversos fines, pueden ser espías dobles o heraldos del infierno y pueden comandar a soldados y helicópteros norteamericanos, son bilingües y manifiestan un claro desprecio por la ineptitud de los miembros de los aparatos de poder”. Se ve buena, ¿no?. También se espera próximamente el regreso de Fernando Ruiz a la animación mexicana con el largometraje Nezahualcóyotl: la gran historia. No podemos dejar de mencionar la obra en la que Carrera trabaja actualmente, Ana, que se anuncia como “una aventura que cambiará la historia del cine”.

  Hoy en día, la animación independiente en México es la que en verdad está logrando cosas increíbles. Nos dimos a la tarea de entrevistar a cuatro estudios muy prometedores: Comesesos, Diez y media, Viumasters y Haini para que nos contaran sobre sus proyectos y su trayectoria como animadores.

¿Podrían darnos su definición de animación?

Huevocartoon

La animación es el arte de dar vida a un personaje ficticio a través de una combinación de arte y tecnología.

Haini
3M Diez y mediaEs el arte que permite dar la ilusión de movimiento a través de la creación de imágenes que se proyectan en secuencia a un ritmo determinado. La animación conjunta conocimientos y recursos de otras artes, como el teatro, el dibujo, el cine, la pintura, etcétera. 

¿Qué piensan de la animación en México hoy en día?

Huevocartoon

Creciendo muy bien con empresas como la nuestra y otras que han apostado a la animación y que creen en ella, entrenan gente y arriesgan en proyectos. La animación en México tiene más público que ningún otro género y este público espera ver películas de alta calidad, como está acostumbrado con las películas norteamericanas.

Haini

Estamos viviendo el tercer intento por crear una industria de la animación en nuestro país y, aunque aún falta mucho para que la calidad esté a la par de las producciones de Estados Unidos, Japón, Canadá e incluso España, cada película que se va produciendo en México parece ser mejor que las anteriores (con una excepción). Esto hablando de largometrajes. En cuestión de cortos, se han realizado excelentes en México: los de Carlos Carrera y René Castillo, por ejemplo. Las series de televisión que se han hecho aún son muy primitivas.

Diez y media

Yo creo que han salido muy pocas. Creo que a todos les queda la experiencia, más allá de otras cosas, ya que la calidad muchas veces es cuestionada porque a veces no hay el personal suficiente, los equipos suficientes, muchas veces los guiones están precarios… No sé, tiene muchos pros y muchos contras. Los pros, principalmente para la gente que está en eso ahorita, es la experiencia que te deja, porque es enfrentarse a algo ya muy real y así puedes medir, en cierta, forma, otras grandes producciones. Ya la calidad está subiendo bastante.

Comesesos

Creo que están al nivel que exige en público. Lo que aquí se hace es animación en flash y 2D, realmente no se hace stop motion, las primeras películas de animación por computadora pues ahí van. Es una generación que está arriba de nosotros y le ha luchado. Sí falta mucha calidad, pero también está el hecho de que no hay escuelas. Necesitamos que haya escuelas que enseñen realmente animación.

¿Es rentable dedicarse a esto en México?

Haini
Tengo seis años viviendo de la ilustración y la animación. Aunque para mí no ha sido rentable en el sentido de que no me proporciona ganancias acumulables, ha permitido que nuestro equipo trabaje en un buen ambiente y que el estudio haya ido creciendo de manera lenta pero constante.

Diez y media

Es muy difícil pero de cualquier modo aquí estamos. En nuestro caso, a lo largo de este tiempo hemos trabajado a nuestra propia manera la animación: intentamos también crear un mercado. Si bien hacemos animación para nuestros cortometrajes, a veces es difícil crear algo que le guste a un cliente. Al final, hemos encontrado la manera de traducir eso y hacerlo rentable, que sigue siendo muy difícil. Al día de hoy seguimos rascándole de donde podemos a ver cómo podemos usar lo que tenemos para que el proyecto siga creciendo.

Comesesos

La animación es rentable, en general. Creo que la animación en México se va a hacer rentable una vez que la gente lo exija. Así como van al cine y llenan Toy Story 3 o Ávatar, el público tiene que exigir que en México se haga esto. En vez de ver programas que no les gustan, tienen que decir “yo no voy a ver la televisión hasta que salga un buen programa”. El chiste no es apoyar todo lo que salga, sino exigir que se hagan buenas cosas, porque sólo así nosotros, los estudios, si hay cierta competencia, nos podemos poner manos a la obra. En ese momento será rentable, porque ya tendrás un público. Otro asunto es que los clientes deben entender que la animación es muy cara y no la valoran. También se debe enseñar la gente como se hace, porque creen que es algo muy sencillo y rápido y la verdad es que es todo lo contrario.

Viumasters

Es muy rentable cuando trabajas para publicidad y ahí si hay mucha chamba. Cuando te alejas y llevas tres o cuatro meses sin trabajar para publicidad, es cuando entras a la situación de la animación mexicana que es que no hay tanta gente que quiera poner mucho dinero en proyectos de animación. Bueno, sí hay gente, pero no se imagina lo mucho que puede costar.

Creo que es muy parecido al panorama que hay en México; existe la creación animada pero no la cultura necesaria: no hay festivales o muy pocos, no hay foros para presentarnos… es difícil, pero es un poco el panorama del arte en general en este país.

Algunas personas critican el hecho de que animadores mexicanos toman modelos extranjeros en vez de desarrollar uno propio ¿qué opinan de esto?phs22 copy1

Diez y media

Parte de lo que intentamos hacer ahorita, es crear esa maduración de la animación que nos va a dar esa identidad como colectivo, esa identidad como país y para eso están ahorita estas tareas como la de unirnos como bloque todos los animadores con distintos estudios, para poder encontrar esta identidad y esta maduración como país, que se pueda decir “México hace animación de esta manera”. Como Diez y media tenemos cierta estética, que lo veo muy bien, pero para país nos falta mucho.

Comesesos

Es muy bueno que la exijan, pero esta idea de criticar y no aportar se me hace muy mala. A mí también me pasa, me dicen “no, lo que haces se parece a Tim Burton”  Qué curioso que en mi país me digan eso y en otros lados me digan “qué padre que esté pasando esto con la animación mexicana”. Aquí la única referencia es Tim Burton porque les falta cierta educación visual. Creo que sí necesitamos crear una corriente o varias corrientes de animación mexicana, pero eso sólo va a venir cuando nosotros como animadores ya podamos dedicarnos a esto de lleno y no tengamos que sobrevivir haciendo trabajo de otro tipo, como la publicidad.

Viumasters

Es como decir que el diseño o en México tiene un estilo o no. Me parece que si hay claras referencias que se repiten mucho, pero a la vez empiezas a ver que hay diseñadores que comienzan a crear sus propios estilos. Sin embargo, creo que hablar de un estilo de la animación mexicana es algo que no  te lleva a ningún lado.

  También se trata de buscarlo. Luego caes en estos clichés de la cultura y el imaginario mexicano, en realidad. Lo que llega a definirte sí es el contexto y sí es tu realidad, pero es algo muy personal y un estilo particular de cada estudio en México.        

((Fuentes))

Blog de Animación Mexicana de María Celeste Vargas Martínez y Daniel Lara Sánchez (Los Anima-Dos)

Manuel Rodriguez Bermúdez, Animación: una perspectiva desde México, UNAM – CUEC, México, 2007.

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